Este rito es una invitación a volver a vos, a habitarte con presencia. Al entrar en contacto con el útero no desde lo que debería ser, sino desde lo que realmente pulsa por nacer de vos hoy. Es un espacio para detenerte, sentir y permitir que emerja lo que necesita ser visto, honrado y transformado.
Te invita a recuperar el vínculo con tu energía creadora: esa fuerza íntima que no solo tiene que ver con gestar vida, sino también con crear proyectos, vínculos, decisiones, placer, movimiento y nuevas versiones de vos misma. Volver al útero es, en cierto modo, volver a la raíz. A ese lugar profundo donde podés recordar que tu cuerpo no es solamente el territorio donde ocurrieron cosas: también es el territorio desde donde podés elegir lo qué comienza.